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Periodismo participativo y web 2.0: Una opción más para los medios de información on line


La blogosfera y la web 2.0 tienen un papel más que importante en la concepción del periodismo actual. Hay quien incluso lo ha llamado “el séptimo poder” o, más modestamente, como “el quinto”. Los directivos de los medios digitales son conscientes de este poder e intentan penetrar en el caudal que Internet les ofrece. Sin embargo, habría que preguntarse si esto entraña determinados riesgos y, en caso afirmativo, cuáles serían.

Todos los medios digitales tienen que apostar por la utilización de las bitácoras en sus espacios, con el fin de dotar de un lugar de encuentro con los lectores o de suministrarles una herramienta para que expresen sus inquietudes, anhelos o informaciones. Uno de los mejores ejemplos españoles lo encontramos en Yo, periodista, de elpais.com. Y es que un bloguero puede proveer al diario de noticias propias muy exclusivas que sirvan para aumentar el prestigio del periódico. ¿Quién puede renunciar a ese rebosante caudal anónimo de información? Los medios tienen que intentar fidelizarlos como sea, bien pagando o bien ofreciéndoles la posibilidad de aparecer en la portada principal, por ejemplo.

No sólo de blogs vive el periodismo 3.0. Otras formas de interactuar con el público son los wikis o Twitter, diferentes a la hora de compartir información y comunicarse con el resto de la Red. Son menos utilizadas por los medios, aunque “el sistema de gorjeos” ya se ha implantado en algunos de los más importantes medios digitales españoles (El País, Público, El Mundo…). Su utilización demuestra que los medios estiman la interactividad que el nuevo periodismo digital permite y que saben satisfacer las necesidades que el nuevo usuario pide a la prensa on-line.

Ahora bien, los verdaderos periodistas, los profesionales que han adquirido las herramientas del oficio en la facultad, han de saber controlar todo este caudal de información, ordenarlo y comprobar su veracidad. Habría que preguntarse si incluso deberían cambiar la redacción de esos textos (faltas de sintaxis, expresión inadecuada…). Y, por supuesto, nosotros los usuarios debemos ser conscientes en pleno momento de que no somos intrépidos reporteros (imagen romántica del periodismo dixit) que podemos comunicar de la misma manera que los profesionales (con las excepciones que confirman la regla), ya que tan solo nos están cediendo el espacio que anhelamos para calmar nuestras ansias de comunicar, que bienvenidas sean, y para buscar la información desconocida y sorprendente que les haga crecer en beneficios.

Interacción con los usuarios en sitios de información: ¿La suficiente?


Internet nos ofrece un mundo de múltiples posibilidades en cuanto a información se refiere. Desde la Red de Redes podemos acceder a distintos sitios de noticias que nos aportan elementos de interacción, cada cual más sugerente o atractivo. Analizar tres sitios diferentes (un portal de noticias como es Terra, un marcador como Menéame y un medio digital como El País) permite llegar a varias conclusiones interesantes sobre la capacidad de feedback que tiene uno de los servicios más demandado en Internet. En general, es múltiple la oferta que se ofrece para que el internauta se sienta realizado en la Red.

Los comentarios son uno de los métodos más típicos y simples para que el lector deje su opinión sobre las noticias. Sin embargo, en los ejemplos analizados, observamos múltiples diferencias de su uso.

De este modo, en El País no se pueden dejar en todas las noticias, sino en aquellas de actualidad candente o controvertida, que susciten una reacción provocativa o sorprendente en el lector. Así, podemos ver que la entrevista a Pilar Manjón, presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, sí tiene esta posibilidad (un hecho de actualidad, un personaje con autoridad en sus opiniones, que pueden ser un revulsivo para determinadas personas), mientras que la información sobre el premio Bafta a Super Mario Gallaxy no. Se puede opinar sin necesidad de estar registrado, aunque nuestros comentarios han de pasar por un filtro moderador antes de ser publicadas.

    Por otra parte, mientras que Terra no nos permite dejar nuestra opinión en las informaciones (tomemos como ejemplo otra noticia protagonizada por Manjón), Menéame sí lo permite en todas y cada una de las noticias, como vemos abajo, aunque hay que estar registrado para ello. Resulta triste que en el portal de Telefónica no se puedan escribir comentarios en sus noticias cuando sí se puede hacer en sus blogs.

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      En cualquier caso, el comentario está controlado, bien por moderadores, bien porque se conoce a la perfección al autor de éste, que está registrado.

      En cuanto al sistema de blogging, éste está representado de muy diferentes maneras en cada uno de nuestros ejemplos. En primer lugar, Terra y El País lo ofrecen, mientras que Menéame no. En segundo, el portal de Telefónica ofrece pocos blogs de actualidad (Yo, Felipe, Entre líneas y Víendolas venir), aunque desde el servicio de Comunidad se pueden realizar muchas otras acciones mediante la red social Keteké, creada recientemente por la multinacional de las telecomunicaciones. El País permite dos tipos de bitácoras: las de sus propios redactores o colaboradores y las del servicio La Comunidad, en las que bajo registro sus lectores pueden escribir sobre múltiples temas. Además, esta web tiene servicio de chat, foro y Twitter, con lo que las posibilidades de interacción se multilplican soberbiamente.

      Volviendo al tema de Twitter, hay que reseñar que Terra también cuenta con su propio canal de tuiteos, al que podemos suscribirnos mediante fuentes RSS o a través de nuestra propia cuenta en esta red social. Sin embargo, vemos tanto en uno como en otro ejemplo que la interacción con sus followers es nula, pues parece no contestarse a posibles replies.

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      Menéame es un caso especial en la interacción con el receptor, diferencido claramente de los otros dos. Permite la posibilidad de mandar nuestras propias noticias, para lo que hay que tener una cuenta. La opción del login permite también escribir comentarios y menear (votar) las noticias de otros usuarios para que aparezcan en la página principal (los meneos anónimos se permiten hasta cierto punto, como vemos más abajo). Se podría concluir que la interactividad medio-usuario es total.

      Hemos dicho que Menéame no tiene un servicio de blogs. Sin embargo, podemos acceder a muchos de ellos gracias a que en esta página se cuelgan múltiples posts de otras tantas bitácoras.

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      Para finalizar, podemos concluir que Yo, periodista de El País es sin lugar a dudas el servicio de interacción más importante que ofrece cualquiera de nuestros ejemplos, y está bastante alejado de los ofrecidos por otro. Este servicio en el que los usuarios mandan sus propias informaciones se complementa con el envío de fotos, las encuestas o las entrevistas digitales o la sección en la que se descubren talentos, así como los chats y foros ya citados. Estas, como ya hemos dicho en la entrada y en otras de este blog, hacen que el lector se sienta realizado, pero necesitan de un espacio mayor en el diario para que el común de los usuarios conozcan las “proezas” de sus compañeros de navegación.

      La opción del registro en los ejemplos analizados es imprescindible y necesaria para poder hacer un control de lo que se perpetúa en la Red y para evitar acciones desagradables (comentarios malsonantes y noticias o posts inapropiados). También sirve como un incentivo para conseguir ciertos servicios, como el de compartir fotos y vídeos en Terra. La seguridad es primordial para estas webs.

      En definitiva, sorprenden los variopintos servicios de interacción que las webs de información ofrecen a los usuarios, que van desde el clásico comentario (que habría que normalizar en Terra) hasta la posibilidad de seguir el propio canal de Twitter y la suscripción a fuentes RSS o envío de noticias a móviles. Si Menéame es la quintaesencia de la interactividad, El País le sigue a pasos agigantados. El registro puede ser un hándicap para que los internautas utilicen algunas de estas herramientas, pero es inevitable si se quiere efectuar un correcto mantenimiento de ellas. Por último, los medios tendrían que dar un espacio mayor (y, en ocasiones, preferente), a esos usuarios que tanto pueden aportar.

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