
Blackmail (La muchacha de Londres): El primer Hitchcock sonoro
Mayo 27, 2009Era 1929. Hacía dos años que el mundo se había revolucionado cuando un blanco caracterizado como un negro, Al Jolson, le dijo a un público pasivo, con todo un chorro de voz, que esperaran, que el espectáculo no había terminado. Esto sucedía en Estados Unidos: el seis de octubre de 1927 se estrenaba El cantor de jazz, la primera película sonora de la Historia del Cine. Dos años después, el ya asentado Alfred Hitchcock rodaría la primera película sonora de Reino Unido: Blackmail.
Blackmail (o La muchacha de Londres, en su traducción española) cuenta la historia de Alice (Anny Odra), una joven que asesina en defensa propia a un pintor (Cyril Ritchard) que ha intentado violarla. Su novio, un detective de Scotland Yard (John Longden), intentará protegerla cuando descubra que ella pasó la noche en el estudio donde encontraron el cuerpo. Sin embargo, ninguno de los dos cuenta con que un extraño individuo (Donald Calthrop) vio a Alice entrar en la casa del artista…
Ésta fue la primera película sonora de Hitchcock y del cine británico, y cuenta además con una versión muda. En la primera secuencia parece que vemos restos de ese cine mudo, con la detención de un hombre planificada sin ningún sonido, tan solo las pisadas de los policías (¿nos habremos equivocado y estamos viendo una película muda?). Hitchcock tuvo que hacer frente a determinados problemas técnicos para llevar a cabo sus tareas de dirección. Por ejemplo, el fuerte acento polaco de Odra hizo que tuviera que ser doblada mientras la película se rodaba; así, cuando ella movía los labios, otra actriz declamaba el diálogo desde una cabina, a la vez que Hitchcock sincronizaba voz y movimiento con unos auriculares. Entonces el doblaje era más rudimentario, como le reconoció a François Truffaut en su célebre entrevista… Pero es que, además, el director de Con la muerte en los talones tuvo que hacer trucajes de luz y maquetas bastante complicados en la reproducción de los decorados de la escena final, que se desarrollaba en el Museo Británico; y, por si fuera poco, los productores le obligaron a cambiar el final, que era mucho más descorazonador, a uno más “aséptico”. En este vídeo vemos una de las pruebas de sonido de Ondra:
En Blackmail, a pesar de su ritmo discordante, vemos la artesanía de quien ya sabía trabajar con las herramientas aprendidas en la profesión. Son notables los contrastes de luces y sombras, que sin duda Hitchcock aprendió cuando trabajó en los estudios de la UFA, en pleno desarrollo del expresionismo alemán, quizá más que influenciado por Fritz Lang. Y desde luego, ya sabía cómo jugar con la cámara y el montaje para mantener la intriga y dejar turbado al espectador. Anunciando el tema del falso culpable, tan presente en muchos de sus filmes, esta película es una pequeña joya casi desconocida de un artista que se estaba construyendo a sí mismo hasta El hombre que sabía demasiado, la eclosión de su arte cinematográfico. Os dejo con la película entera, en versión original:
