Cine y periodismo (I): Ciudadano Kane


Charles Foster Kane (Orson Welles), rodeado de los periódicos que le dieron la fama... y el poder de manipular a la gente

Charles Foster Kane (Orson Welles), rodeado de los periódicos que le dieron la fama... y el poder de manipular a la gente

Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), fue un hito en la Historia del Cine. Eso todos lo sabemos. Sus innovaciones estilísticas y formales son conocidas por doquier y sería una tontería hablar aquí de ello nuevamente, pues ya se ha analizado desde prácticamente cualquier perspectiva.

Pero aún queda una, que puede ser la nuestra. La de toda la problemática ética y deontológica periodística que presenta.

Charles Foster Kane (Orson Welles) es un magnate periodístico que llega a lo más grande en el mundo de los medios estadounidenses a través de un modesto diario, el Inquirer. Embebido de la función social del periodismo, redacta una declaración de principios para con los lectores embriagada de romanticismo. Sin embargo, conocedor del poder de influencia que los medios ejercen sobre el público, pronto la abandona para buscar su propio interés: se inventa la guerra hispano-cubana o busca el sensacionalismo a través de titulares grandes.

Eso lo beneficia, claro que sí. Pero pronto, esas “bondades” del periodismo se le volverán en su contra. En la carrera hacia el puesto de gobernador del Estado, su oponente político teje una historia de adulterio con una joven cantante de ópera. Si él no abandona la carrera política, él difundirá esa falsa historia. Y todos la creerán.

Ciudadano Kane es un cúmulo de malas prácticas periodísticas, de la falta de escrúpulos de sedientos empresarios (recuerden la famosa frase de Vasile) que olvidan que el periodismo es un servicio al ciudadano con el fin de obtener más dinero a través del falseamiento o maquillaje de la realidad o de la creación malévola de opinión pública. Saben que las personas se suelen creer todo lo que los medios les diga, y a través de ellos quieren manipularlos para que piensen como ellos.

Esto que decimos no es nuevo. Welles, casi sin proponérselo, hizo una dura denuncia de la penosa praxis de los periodistas, a la vez que, en una de sus creaciones formales, echó una lanza a favor de ellos: la de que la realidad tiene múltiples matices y que hay que conocerlos todos para obtener la verdad. El periodista que sirve de narrador durante todo el filme y que busca el significado de la palabra ‘Rosebud’ no se puede contentar con una sola versión de la vida de Kane y nos muestra, a través de flash-backs, hasta cinco distintas, que se complementan la una a la otra. Eso es periodismo, el contraste de testimonios; pero también es innovación cinematográfica, con la multiplicidad de narradores, que se alternan sin que nos demos cuenta.

About these ads

One response to this post.

  1. [...] historia al polémico personaje William Radolph Hearst y junto a él desvelar los entresijos de la empresa informativa en un contexto en el que los diarios consiguieron por primera vez tiradas millonarias. Hearst  se [...]

    Responder

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: