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Disculpas

Noviembre 30, 2009

En el caso hipotético de que alguien siga asiduamente este blog, he de pedir disculpas por los pocos artículos que publico, pero es que apenas tengo tiempo para ver películas clásicas, investigarlas y comentarlas. Intentaré hacerlo cuando pueda y siempre con gran ahínco :-) . ¡Un saludo y gracias a todos! ¡Espero vuestros comentarios!

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“Siente a un pobre en su mesa”: Plácido, de Berlanga

Noviembre 22, 2009
Cartel de la película "Plácido", de Luis García Berlanga

Cartel de la película "Plácido", de Luis García Berlanga

“Siente a un pobre en su mesa”. Con tan atractivo eslogan, una asociación de mujeres (capitaneadas por el personaje de Amelia de la Torre) y una empresa de ollas van a llevar a cabo una campaña navideña en una pequeña ciudad de provincias. La intención es que, en Nochebuena, cada una de las familias pudientes lleve a uno de estos necesitados a cenar a su casa. Además, para tan particular celebración, la organización ha traído a una serie de artistas desde Madrid. Mientras tanto, Plácido (Cassen), un humilde trabajador contratado para la ocasión, tiene que ir a contrarreloj para pagar la última letra de su motocarro si no quiere que se lo quiten.

Cassen y José Luis López Vázquez

Cassen y José Luis López Vázquez

Plácido fue la primera colaboración entre el guionista Rafael Azcona y Berlanga. Juntos, retratan a una provinciana sociedad burguesa decadente y falta de valores, que busca en la solidaridad una forma de redimirse ellos mismos, de parecer caritativos a pesar de su riqueza, que los coloca en otro escalón del escalafón social. Mientras Cassen intenta hacer cobrar la última letra del motocarro en la fría noche del nacimiento de Jesús, es testigo de estos ejemplos de hipocresía. El villancico del final es muy significativo: En este mundo nunca ha habido caridad… ni la habrá.

Con Plácido, Berlanga comienza a utilizar el plano-secuencia en sus películas (llevado a la máxima expresión en, por ejemplo, La escopeta nacional o Todos a la cárcel) y a nutrirse de un amplio reparto para hacer realidad su crítica social. A Cassen y a Amelia de la Torre lo acompañan José Luis López Vázquez, Antonio Ferrandis, Manuel Alexandre, Amparo Soler Leal o Luis Ciges, que se convertirían en corrientes de sus películas posteriores.

Os dejo con unas declaraciones de Luis García Berlanga sobre Plácido. Si la habéis visto, ¿qué opináis sobre ella?

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El Viaje a la Luna de Georges Méliès

Octubre 2, 2009

En 1985, Georges Méliès asistió en París a una de las primeras proyecciones del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Asombrado, y conjeturando el potencial que podía tener el nuevo invento, compró uno de ellos para hacer fortuna.

Méliès fue el primer padre del cine tal y como lo conocemos hoy en día, más allá de los paleomontajes de los primeros años el cinematógrafo. Innovó sobremanera en el terreno de los efectos especiales al descubrir, casi por casualidad, los resultados de la sobreexposición fílmica. Es lo que se llama “el paso de la manivela“, y que podemos ver en estos dos cortometrajes, El melómano (1903) y El hombre orquesta (1900):

Pero su obra más importante es Viaje a la Luna (Voyage à la Lune, 1902), una fantasía inspirada en las novelas De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, y The First Man on the Moon, de H. G. Wells. Sobran las palabras. Juzguen por ustedes mismos:

Con una puesta en escena tomada del teatro, la película cuenta la historia de unos científicos que desean viajar al satélite terrestre. Allí tendrán que pelear con los selenitas, los habitantes lunares, para finalmente regresar a la Tierra. De Viaje a la Luna merece la pena destacar los efectos especiales y la escenografía, totalmente innovadora y sorprendente para la época de la que estamos hablando. Además, la historia estaba dividida en escenas, algo que todavía se mantiene en el cine de hoy en día. Méliès se erigió así como uno de los primeros padres del cine y uno de sus primeros virtuosos. Lástima que su vida acabara en el más absoluto anonimato, olvidado por casi todos y vendiendo chucherías en un parque parisino.

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El reflejo fílmico de una Guerra (II): ¡Qué bello es vivir!

Septiembre 11, 2009

Cartel de la película ¡Qué bello es vivir!

Poco nuevo se puede decir de ¡Qué bello es vivir!. El clásico de Frank Capra (director de Arsénico por compasión, de la que ya hablamos aquí). Se repone todos los años por Navidad, gracias a un descuido a la hora de renovar sus derechos de emisión, y su influencia en el imaginario colectivo se ha mantenido hasta hoy. Así, en el capítulo Milagro en Evergreen Terrace, de Los Simpson, son varias las referencias al filme.

¡Qué bello es vivir! (It’s a wonderful life!, 1946) cuenta la historia de George Bayle (James Stewart), un humilde y bondadoso banquero muy querido en Beldford Falls. Con una familia que lo adora, una noche de Navidad decide suicidarse, tirándose desde un puente al helado río. Desde el cielo, Dios contempla la escena y manda a Clarence (Henry Travers, el padre de La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock), un fallecido  que está buscando sus alas para llegar a ser un ángel. Si consigue qe no se arroje, obtendrá su preciado deseo.

Las referencias al Cuento de Navidad de Charles Dickens son más que obvias. Con este relato, Capra quiso construir otra de sus historias positivas y optimistas, a la manera de las que realizaba antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la gente estaba desencantada tras el conflicto y optó por otros filmes más desangeladores como Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler. La intención de Capra no era más que ésta:

No la hice para los críticos aburridos ni para los intelectuales pedantes. La hice para la gente sencilla como yo; gente que quizás había perdido a su marido, o a su padre, o a su hijo; gente que estaba a punto de perder la ilusión de soñar, y a la que había que decirle que ningún hombre es un fracasado.

En definitiva, dar un soplo de aire fresco a una población desanimada por el resultado del conflicto. Sin embargo, esta población no supo comprender el mensaje de la película, que no triunfó entre crítica y público hasta muchos años después, cuando empezó a ser programada en la televisión hasta la saciedad; sobre todo, en Estados Unidos.